Novela
En verano duele más
Poco después de mudarse a su Beirut natal, Camille recibe dos noticias: su padre se está muriendo de enfisema pulmonar y a él le diagnostican el virus del papiloma humano en el recto. La enfermedad de ambos lo empuja a volver al sitio que más detesta en el mundo: Punta de Mata, un pueblo en el oriente de Venezuela al que sus padres emigraron huyendo de los estragos de la guerra civil del Líbano. En ese lugar, tiranizado por las inclemencias del sol y por el machismo como orden social, pronto aprendió que la violencia, solapada en la broma y en el chiste, atentaba contra su identidad.
En verano duele más es la historia de un hombre del que han abusado sistemáticamente en la infancia y adolescencia y que, rebajado en su propia estima, incapaz de suscitar amor ni respeto en sus semejantes, intenta sanar las heridas y saldar las cuentas del pasado a través del perdón.

Cuentos
El revuelo de los insectos
Dos hombres uniformados huyen a través de una enmarañada selva. Son desertores. Son amantes. Amantes que huyen hacia la libertad en tanto se adentran en la prisión del otro. Una primera imagen tan paradójica como el hecho de que el hombre puede hacer que el tiempo avance adentrándose en el pasado. Hombres que son vistos como «insectos», según el glosario de la revolución de Papá H, como se le conoce a Pablo Hacha, líder de una tiranía totalitaria de un país imaginario, pero tan real que podría ubicarse en cualquiera de los confines del mundo en donde la sed de poder detuvo el tiempo y, con él, todo vestigio de progreso, toda libertad individual, todo sentido de humanidad. Con esta escena, Manuel Gerardo Sánchez da inicio a El revuelo de los insectos, su primera novela. Allí sus personajes se mueven en un marco donde se desatan los instintos más salvajes del hombre —una vez derrumbado todo rastro de esas ficciones civilizatorias que sostienen la vida en sociedad para dar paso a su naturaleza más primitiva—. Con un tono que, por momentos, se sumerge en lo paródico, el autor muestra a estos amantes que simbolizan los dos pecados más despreciables para el fanatismo militarista: la homosexualidad y la traición a la causa, que es la traición a una religión en la que un hombre hace de Dios y el paraíso termina convertido en infierno.
El revuelo de los insectos es una historia acerca de una huida inútil y un derrumbe circular. Es también un grito de rabia contra el salvajismo y la persecución. Ni los amantes que se esconden, ni la maldad del hombre, ni la fuerza telúrica de la selva parecen agotarse. Manuel Gerardo Sánchez, recordando que el arte vive de los contrastes, cuenta ese horror valiéndose de un lenguaje voluptuoso porque, así como cuando toda ficción colectiva se hace añicos cada quien decide cómo muere, cuando el horror lo alcanza todo cada autor decide cómo lo cuenta. Y decide cómo armar un universo que le permita, siquiera por momentos, ponerse a salvo.
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Cuentos
El último día de mi reinado
El último día de mi reinado es el primer libro de cuentos de Manuel Gerardo Sánchez. En sus páginas se despliegan once relatos que muestran con un humor macabro, camp y paródico los goces y las aversiones de unos personajes encajados en situaciones tan urbanas como ordinarias. La venganza y el desprecio son los temas que entrelazan una historia con otra. El estilo narrativo, que combina la prosa barroca con una sensibilidad queer y excéntrica, se asemeja al de algunos escritores cubanos de siglo XX. Este libro, asimismo, tributa el buen gusto, la cultura pop, el lenguaje que no teme al nombre y, sobre todo, la banalidad —entendida, como Georges Duby en su Historia de la vida privada, como algo cotidiano.
Crítica
“Manuel Gerardo Sánchez ha perpetrado, como un minucioso, siniestro y fúlgido chasco literario, uno de los libros de cuentos más originales salidos de Venezuela últimamente. Su fascinada y poderosa descripción de los rituales sociales puede al mismo tiempo mover a la risa o al pánico. Su lenguaje ostentoso y adornado eleva los vuelos de la imaginación del cliché al delirio. Y sus tópicos lo afilian resueltamente a una estética camp. Todo esto va a contracorriente de una generación literaria —la suya— marcada por el minimalismo. Pero detrás de la aterciopelada y excesiva superficie, estos relatos ocultan —o regurgitan— una serie de pequeños mundos manchados por los mismos males que corroen al país. ¿Fábulas, alegorías de una mitología “quintaescialmente” venezolana? ¿A quién le importan las definiciones a estas alturas? Con desparpajo, extravagancia y valentía, que recuerdan a Reinaldo Arenas, Sánchez mueve su primera ficha en las letras venezolanas y ésta obliga a estar atentos a los próximos movimientos”. —Boris Muñoz. Editor New York Times

Cuentos
Sangre que lava
Desde la fiesta más ostentosa de la high society caraqueña hasta las calles porteñas, pasando por reuniones de intelectuales en Barcelona, los personajes de Sangre que lava van develando sus más íntimas pulsiones, complejos y miserias, esos que los llevan al límite de sí mismos, allí donde lo grotesco parece diluirse en la sutileza que su autor logra dar a la muerte. Separados en tres bloques perfectamente orquestados, los once cuentos que integran el segundo libro de Manuel Gerardo Sánchez buscan que quien asiste a sus páginas mire el exceso, la envidia, la violencia, la traición, el asesinato y la injuria siempre matizados por la elegancia, la perfección y la aparente serenidad de lo intocable. Por eso, el giro que desencaja la mueca y el zarpazo final no se ven venir. El autor, entonces, es un animal agazapado del lenguaje y un arquitecto de sinsabores… y el lector, su impaciente víctima. Crítica Mientras leía este libro, entre risas me preguntaba si Manuel Gerardo estaba jugando conmigo o con la palabra. Su manera de contar –que parece de llamada telefónica urgente a altas horas de la noche– es tan inusual por el trato que dispensa tanto a los personajes y a la trama como a ese otro personaje y esa otra trama que es el lenguaje, que con frecuencia uno se dice: «Este es un escritor en su camino». O, en todo caso, que esta particularísima manera de contar es para tomársela en serio precisamente porque Sánchez es un redomado echador de varilla, como dicen las abuelas. Algunos dicen que Manuel Gerardo es demasiado exuberante en el empleo de un castellano desusado, y es verdad. Lo que hay que ver es que, oculto entre el follaje, está el felino de mirada clavadamente moderna: es un animal literario al acecho. —Diego Arroyo Gil, escritor.
